SAN DIEGO, 9 de julio de 2016 – El reverendísimo Robert McElroy, obispo de la Diócesis Católica Romana de San Diego, ha pronunciado esta noche el siguiente comunicado durante la ceremonia conmemorativa para latinos, latinas y latinx celebrada en la Catedral Episcopal de San Pablo en memoria de las víctimas del tiroteo de Orlando.
«Nuestra Señora de Guadalupe ocupa un lugar fundamental en la espiritualidad y la cultura hispanas, y ahora que nos reunimos para llorar a los hombres y mujeres latinos cuyas preciosas vidas fueron truncadas por la crueldad, el odio y la violencia en Orlando, resulta especialmente oportuno recurrir a la figura de Nuestra Señora de Guadalupe, la Madre del Señor, quien simboliza en tantos sentidos la tristeza de esta noche.
«En la tradición católica, María, como Madre de Jesús, vivió siete profundos dolores, que comenzaron con la necesidad de huir de su tierra natal junto a su esposo y su hijo como refugiados, y culminaron en el profundo sufrimiento de ver cómo su hijo Jesús era torturado, crucificado y enterrado. No me cabe duda de que, durante las últimas cuatro semanas, Nuestra Señora de Guadalupe ha llorado por todos nosotros como pueblo, ya que nuestra nación ha sufrido siete enormes dolores que golpean en lo más profundo de nuestra paz, nuestra seguridad, nuestra identidad y nuestra unidad.
«El dolor de 49 mujeres y hombres, llenos de bondad, talento y esperanza, que fueron víctimas de un ataque y asesinados en Orlando a causa de un vil prejuicio contra su orientación sexual».
«El dolor de sus familiares y amigos, que se despertaron ante el horror de una pérdida profunda e inimaginable que les perseguirá durante el resto de sus vidas.
«El dolor que causan las armas y la violencia pone de manifiesto una y otra vez nuestra incapacidad como nación para erradicar las brutales convulsiones que socavan la sensación de seguridad de nuestra nación y su tejido social».
«El dolor de la comunidad musulmana, que una vez más se ha convertido en blanco de ataques, no por sus creencias religiosas, sino por la tergiversación de dichas creencias o por el beneficio político que esa tergiversación puede reportar.
«El dolor de los jóvenes negros y sus familias, así como de los jóvenes de otras etnias, que se ven obligados a vivir en un mundo en el que los prejuicios raciales acaban con la vida incluso de quienes respetan todas las normas».
«El dolor de los policías que son asesinados por ser blancos o por llevar el uniforme, y el terrible impacto que esto tiene en las familias de todos aquellos que dedican su vida a hacer cumplir la justicia en nuestro país».
«La tristeza de reconocer que estos sucesos no son fortuitos en nuestro país, sino que constituyen una profunda crisis de nuestra alma nacional que nos obliga a elegir entre nuestra unidad y nuestros prejuicios, entre nuestros odios y nuestra paz.
«Este terrible momento de dolor nos llama a vernos unos a otros tal y como Dios nos ve. No hay hijos de un dios menor, ni hay hijos menores del único Dios, que es el padre de todos nosotros. Nuestra incapacidad para reconocer esta sencilla realidad es el mayor dolor de todos.
[/vc_column_text][/vc_column_inner][vc_column_inner width=”5/12″][vc_column_text]“Let us pray this night in union with Mary, mother of sorrows and mother of the Lord:
Nuestra Señora de Guadalupe,
Ruega para que nuestro país
Para que podamos reconstruir la esperanza sobre cimientos de roca
Para que lleguemos a ver cada vida como algo precioso e igual a la nuestra
Para que podamos eliminar las barreras del odio y las terribles heridas que estas producen
Para que este ciclo de violencia dé paso a un camino de compasión y acompañamiento mutuo
Ayúdanos, Nuestra Señora de Guadalupe
Ayúdenos a todos. Amén.
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